Para que no cayera la esperanza

EXILIO
I
Mi exilio era de llanto.

La eterna mirada gris de los policías
sobre mi rostro insuficiente.

Los mesones del hambre más allá del punado
de dólares violadores de patrias.
El equipaje arreglado todos los meses,
dispuesto a finalizar su éxodo
de lagrimas y polvo.

Caminé por las costas ajenas
buscando el rostro de mi país.
Madrugadas de gaviotas me seguían.
Recibía abrazos dados con la fuerza brutal
del que siente un cataclismo de rosas
en la parte más escondida del alma;
apretones de mano en las noches
de fuga, donde siempre se encendía
la mirada fluvial de nuestra madre,
y su vieja dimensión de cieba
con sus ramas en alto,
defendiendo la ciudad de los pájaros
de la eterna ofensiva del agua.

Yo era una lágrima de mi patria
que rodaba por la cara de América.

Porque soy de los que llevan
todavía
vientos maternales
en las pupilas de la sangre.
De los que lloran golondrinas
cuando sueñan el rostro de su infancia.
De los que persiguen ágiles marisposas.
Y de aquellos que navegan con su barcoo de papel
todas las tardes del invierno.
Soy apenas una joven marea
de mi pueblo.
Y sin embargo afirmo:
Mañana mi cabellera
de peces
estará blanca.
Mi rostro estará borrado
por las manos de la niebla.
La mirada de mis huesos
se perderá en un viento
de ceniza.
Pero mi corazón
soldado estará entero,
con sus banderas en alto.

Tú, mercader de mi país,
escucha:
¿Has oído caminar a la patria
más allá de tu sangre?
¿Te has despertado alguna vez
llorando por su pulso sonoro?
¿Has oído, algún día de invierno,
sentado en un café de país lejano,
que platiquen los hombres de su lucha?
¿Has visto el exiliado moribundo,
tirado en un cuartucho sucio, acostado
sobre una cama construida de cajones,
preguntar por la vaga estatura
de sus hijos ausentes de su amor?
¿Has oído penar a la risa?  ¿Has
llorado alguna vez sobre el vientre
altísimo de nuestra patria?  ¿Has
oído que estúpidamente te digan:
¡comunista!, porque eres diferente
Al rebaño que deifica al déspota?
¿Has visto como la dulce costurera
estampa un beso tierno en la mejilla
aceitosa des su príncipe mecánico?
¿Has apretado la mano callosa
De los obreros que forjan
el colectivo destino del mundo?
¿Has visto como ríen los niños pobres
con el bello optimismo de su infancia?

Mercader de mi claro país, tu silencio
Es más grande que toda su riqueza.

Y ustedes, indiferentes, ¿qué dicen?
¡Silencio!
No contesten Nada.
No abran la boca,
Si no son capaces
de contestar protestando.
Y otra pregunta dolorosa para todos:
¿Saben acaso que es el exilio?
¡Claro, que van a saberlo!
Yo lo voy a decir:
el exilio
es una larguísima avenida
por donde solo camina la tristeza.

En el exilio, todos los días
se llaman simplemente agonía.

Y algo mas, mercaderes e indiferente
De mi país.  En el exilio se puede perder
el corazón, pero si no se pierde,
nunca
podrán asesinarle su ternura
ni la fuerza vital de sus tormentas!