Para que no cayera la esperanza

HOLOCAUSTO DE LA MERIENDA TRANQUILA
Yo, que busco mi pan diario
en las manos nupciales
de la harina; que amo la gaviota
silvestre de su vuelo
y el corazón mundial del trigo
con su rostro moreno por el ardor
del sol, del agua, de los aires;
yo, no puedo comer mi pan tranquilo,
mi pan que amo y que me gusta,
porque me da la fuerza para el beso,
para el vuelo de mi mano.
para la lluvia de mi frente.
Yo, no lo puedo comer tranquilo
mientras le falte al mundo;
mientras el mundo no cambie
y no cese el combate
jadeante de los dientes;
mientras lo humano se desgaste
y lo lobo nos crezca
y el hambre nos mate
a sobresaltos sucesivos.
¡Qué terrible mi tiempo!