Para que no cayera la esperanza

LLUVIA

¡Oh lloviznas de mi infancia,
                        antiguas, dulces camaradas míasǃ

I.
Hoy llueve largo,
el agua ha tendido su párpado
sobre la redonda pupila terrestre
y hay un subsueño acuático, difuso,
en cuyo labio más remoto navegan
cinco barcos de papel sin marineros.
Hoy lleve extenso,
el agua quiebra su delgada cintura
en las manos sedientas de la tierra,
estableciendo en su inmenso territorio
un recuerdo ambiguo, borroso, que inventa
esa forma de dares que tiene la tristeza…

ǃOh lloviznas de mi infancia dulces,
antiguas camaradas mías que yo amo!

Hay un tiempo atrás de mis últimos pasos:
Allí la lluvia y los pájaros invadieron
los bosques que mi pecho levanta con orugullo.
Hay una pareja enamorada bajo el agua:
allí los besos desnudos caminan
en el invierno como niños descalzos.
Hay una risa campesina que nos llueve,
allí crece silvestre el trigo de la vida
y su estatura dorada nos pulsa su guitarra
con la música blanca que las espigas sueñan.

¡Oh infancia que descalza caminas
por equellos inviernos provinciales!

¡Oh aguas pupilares de mi país,
naced en mi roto corazón…ǃ

II.
Cuando en sus cuartos los obreros
acarician la frentes de sus hijos,
es entonces que la lluvia llora,
estrella su frete amplísima
en todas las ventanas enemigas,
embiste sus cuernos acuáticos
contra el pecho del viento,
desangra la golondrina de sus ojos
contra las piedras ásperas. Asciende
a luchar contra el sol y lo vence,
hasta que sus flechas líquidas
se vuelven a dormir en el aire,
extiende la frescura de su mano
a la redonda palabra de la tierra
y al pie del hombre vuelve a tenderse,
porque su inmenso corazón
lo lleva el viento entre sus manos…

¡Oh lloviznas de mi pequeño país:
niñas de fraternales abrazosǃ

Amo a la lluvia:
sus pasos de agua me visitan,
y todos los días, al levantar mi voz
contra los viejos sistemas del hambre,
hay alguien vigilante que guía mis pasos
desde el pecho fluvial de una tormenta.

Amo a la lluvia:
con ella oí llorar al mar
cuando puse mi oído ciego
sobre el pecho tembloroso
de un joven marinero asesinado.

¡Oh lluvias mías, tormentas dulces,
lloviznas, aguas de viejas alegrías,
ya no tengo mi pulso a la altura
de vuestro agitado paso por el mundo…ǃ