Para que no cayera la esperanza

MADRE INTIMA
Hay tantas
cosas
que no sabes
de mí,
madre,
que, a veces,
me duelen
tanto
tus manos,
cuando, por ejemplo,
no interrogan
mi pobre cabellera
con el lenguaje
de sus dedos
abuelos,

Lo sabes.

Tenemos que cambiar
nuestro país,
con sólo nuestras manos.
Desde tus 66 años
me comprendes todavía.
Pero sé que más me quisieras
pleno de quietud en todo esto.
Temes que lleguen y te digan
los compañero: “Su hijo murió
de madrugada, señora.”

Tal vez entenderías mi muerte.
Tal vez sólo tu llanto tibio.
Quién sabe como temblarían
tus ramales más altos.

Madre mía,
¡ojalá que yo no tenga
que causarte tanto dolorǃ

Pero lo sabes.

Tu pecho
no existe
para mí,
porque no tengo
reposo.

Y para que no
te duela
más
el hijo que tú
amas,
tengo
que reír,
madre mía,
aun cuando tú sabes
que sufro.