A MENUDO

Tu rostro tiene fuego
nocturno.
Llamas que me buscan
aunque tú no lo quieras.
Besos que nacieron
para que yo los apagara
con la sed de mis labios.

Tu rostro sabe de mí.
Conoce la vejez de mis sueños.
Oye la violencia de mi piel
y se asusta de verme
arder, como un incendio.
Pero no entiende
ciertas cosas.
Cierto rumor en mis cabellos,
huérfanos de viento y luna.
Cierto frio que nace
cuando tú me abandonas
y yo te necesito,
para que dejes volar
la gaviota de tu mano
en mi pecho que sufre
su cotidiana derrota.

A menudo
se muere tu rostro
entre mis manos,
sin que tú lo comprendas.
Sin que puedas oír
el nacimiento del llanto
más allá de mis ojos,
en los territorios azules
donde comienza el alma.