AL ACECHO
Siempre
estoy solo de ti,
cuando la noche,
consume
dulcemente
sus últimos minutos
en la madura hoguera
del tiempo.
No hay,
entonces
una caricia
audaz
un beso,
una ternura grande
para mí,
que soy,
a esas horas,
el mar
al que nunca
llegan los afluentes.

Me duele pronto tu ausencia.

Me quema, suavemente, como la noche
Las puntas de una estrella.
Y tu rostro, amor mío, no cabe,
en verdad, dentro de mí.
Me siento tan pequeño,
que sólo tu presencia
podría devolverle
a mi alma
sus laureles de grandeza.

Pero a pesar
de tanta soledad,
tan hosca y tan fría,
sigo viviendo con tu piel
acumulada en mi piel
Y con sus muchos veranos.
Y sus muchos inviernos.
Y el eco de un tacto
que aún suele buscarnos
por la tardes.

Y a pesar de estar solo de ti,
soy quien siempre te espera,
el que está al acecho
de que vuelva
                        la luna
con tu mano
                        a mis cabellos.