ANTES DE TI, OTRAS CIUDADES

A lo lejos,
te digo
señalando un astro
muy brillante,
termina la noche
y comienza la tarde
o el amanecer
de ciudades distantes,
en donde está mi corazón
de pie sobre los puentes,
oyendo cómo cae la nieve
sobre la soledad del agua
también triste y desnuda
como las ramas en el otoño.

Entonces,
te cuento,
no existía tu rostro.
Ni tu pie me buscaba
impulsado por su alma.
Ni tenían para mí
Vuelo tus alas.
No conocías los nuncas.
Ni la fuerza de un siempre.
Ni el viento era recuerdo
para ti.
Ni buscabas la luna
en los cabellos de un hombre.
Ni había árboles,
ni pájaros,
ni ríos
en el cuenco de tu alma,
a donde una voz llega
y lo florece todo con su acento.

A lo lejos,
te digo
suavemente doliéndote,
alguien ajena
a ti,
le ponía causa de ternura
al cuello de mi abrigo,
levantándolo
con las pequeñas gaviotas
de sus manos,
para que la brisa
que soplaba contra puentes
no golpeara con su puño,
diminuto y frío,
al hombre que tú besas
esta noche, largamente,
amor mío.