NO SE PUEDE NEGAR NADA

Es agradable
estar durmiendo
en tu pecho.
Hundir
la frente
en el hueco
de tus manos
y ascender contigo
a las alturas del fuego.

Pero de pronto
acudimos al encuentro
de besos que se alzan,
desde el fondo de nosotros,
buscándonos los labios.
Ellos nos invadieron
antes que nadie
se acostumbraron ellos
a nuestra dulce violencia.

No podemos negar nada,
ni cómplice fanática,
del incendio
que antes maduró
desde nosotros.
En ti viven las llamas
de otros besos.
En mi flamea el fuego,
aún con los ojos azules.