NI VIL NI NOBLE
No creas
nunca,
mi dulce visitante,
que soy el más vil
de los hombres
o el más noble.
En mi viven
la bestia y la nube
en hermandad insólita.
Y si tengo una luna
en la mano,
en la otra repta
tal vez un dinosaurio,
desesperado y solitario.

Por eso me des peñasco,
a veces,
de mi, sin más remedio
que caer y caer y caer.
Pero también
hay días, inexorables,
en los que soy un viento,
y asciendo y giro como viento.

La frente es luego
un lucero que brilla y canta.
Y la mirada es tan ingenua,
que se pone a vivir
en el perfume de un naranjo,
suavemente ignorando
la palabra martirio.

Así, pues,
Mi dulce visitante,
Cuando te beso,
Te besa la humanidad
la boca,
la bestia y la nube
que soy y sufro,
honradamente y sin sonrojo.