NUESTRO AMOR

Cuando veo un farol,
un árbol asaltado por el viento,
un niño a la orilla de un río,
entonces escribo en la pared de la noche;
con la fluvial llama de mi sangre:
Yo conozco una ciudad que se llama Berlín.
Es una ciudad con tilos, vino y amor.
Y un río que le da vueltas a mi corazón
trayéndome en sus manos transparentes
el rostro de la gran ciudad.
Una ciudad que alzó con llanto su mano maternal
para defender la dicha y la paz de los hombres,
habitantes de sus senos, constructores de sus ojos.

Pero yo no sólo escribo estas palabras.
También hombre escribo, lucha, libertad.
Ellas están tan unidas a nosotros,
tan nacidas con nosotros,
que todo nuestro amor no tendría sentido,
perdería su derecho a ser,
si ellas no nos unieran para siempre.

Puentes son ellas sobre el abismo del tiempo.

Y así como nosotros nos besamos,
alma mía,
así se besarán también la libertad y el hombre
mañana, después del último disparo
que anuncie la salida del sol
en todos los corazones hoy poblados
de nieblas y de angustias.

Para ellos es importante amarse,
poblarse el cuerpo y el alma de besos,
y luchar con tu mirada azul,
uniformando con orgullo mi bandera.