EL SABOR DE LA SAL

En mi
se está muriendo
esta tarde
tu espalda,
mi triste
fugitiva.
Nunca como ahora
se apaga
en mis ojos
la ola de tu rostro.
Nunca como ahora
vamos girando,
huyendo tú
de mi boca,
mi boca huyendo
de tu espalda,
aproximándonos
a la ceniza
del último beso.

Ahora ya lo sé,
amor mío.

El primer beso es dulce
y tiene un temblor celeste.
El último es gris
y tiene sabor tan sal,
que nunca como ahora
me dolerá
estar solo conmigo,
asistiendo
a la muerte
de tu espalda tan bella.