ALAS DEL CANTO

Mi amor, una patria lejana.
Mi corazón, grumete enamorado.
Mi tiempo, un mar borrascoso
Queriendo alcanzar con sus olas,
las puntas de una estrella distante.

El polen
abre sus alas
en el campo y canta.
La piedra,
elevada
a las alturas
por la mano del hombre,
canta.
El albañil,
director de los vientos,
construye un edificio
mientras silba.
El niño
aprende
la palabra paloma
Y la sitúa
amorosamente
en la astrología
de sus dulces canciones.

Canta
la pupila azul
de las obreras,
cuya emoción más alta
reside
en la sonrisa profética
del triunfo,
en la inconmovible
seguridad
de que sus manos
elaboran
la más ancha victoria
de su pueblo.
 
Ríe,
Con júbilo,
el alba
en los caminos,
cuando desatan
los campesinos
la tormenta vital
de la semilla,
en cuyos fulgurantes
relámpagos
radica la más honda
Justificación de la alegría.

Todo se orienta a la canción
en esta parte de Alemania.