NO SER COMO EN OTOÑO UN ARBOL
El aire, el agua,
los árboles que cantan,
y tu mano.
Tu mano es una estrella
en lo alto de mi pecho.
En la oscuridad
brillan sus puntas,
hiriendo dulcemente
mi piel,
con su extraña ternura.

Pero no te apagues,
amor mìo,
en esta noche larga
que no acabará nunca
en el hombre que tú amas.
No quiero ocultar
que detrás de su luz
se extiende infinito
el canto
de todas las tinieblas.
Nunca niego
que mi frente es un nogal
que sufre,
si tú no estás conmigo,
ayudándome al recuento
cotidiano de la luna.
A lo lejos, a veces,
oigo los pasos de un nunca
que se acerca, buscándome
con sus cuernos en alto.

No me dejes, amor mìo,
Si tu luz, en la tiniebla.
No quiero caminar después,
a oscuras y con un jamás
en medio de los ojos.
No ser como en otoño
un árbol, bajo la tarde
frìa y desolada.
No ser el pájaro ciego
cuyo canto es una queja de pupilas.
No quiero ser
el alarido
que salta del corazón
como un leopardo
en llamas,
si tu mano se apaga
para mì,
dejándome perdido
en las distancias.