COMO EN EL AÑO EL VERANO
Hemos llegado
caminando de regreso
a la ciudad,
en esta noche
de verano
que comienza.

Habìamos partido
a los lagos,
cuando el sol
era ya sobre la tarde
un antiguo suceso.
Luego, en el camino
se quedó muerto,
junto a los más lejanos
horizontes y los arbustos
más cercanos.
Poco después, el dìa
también se hizo débil
y nos dejó sin él.

Algo que levanta
el viento
con sus manos aéreas
nos visita los cabellos,
en donde guardan
tanto secreto
los últimos otoños
transcurridos.

Era el primer dìa
del año,
sin abrigo ni guantes.
Ya el frìo habìa huido,
llevándose bufanda y todo.
Y el agua
nos habìa devuelto,
con su gesto sencillo,
un poco de su dulce
y tibia alegrìa.
Nunca mis ojos
habìan sido tan felices,
como cuando, descalza
en la arena,
alzaste para mì
tu rostro,
y en su fondo
maduraba la tarde.
Nunca como entonces
esparcì mi vida
en la ternura de tus vientos,
y riendo contigo,
dije,
que serìa amable un recuerdo
siempre que tuviera tus ojos.

Hemos llegado a casa
y el agua sigue golpeando
la ribera de mi corazón y el tuyo.
Beberemos un poco de vino,
me anuncian también tus movimientos.
Después tal vez el teatro.
En tu piel bronceada
sobresalen tus ojos tan azules,
que yo he dado en nombrarlos
mi mar, mi cielo, mi bandera.
Afuera, el viento
aumenta su desesperación,
y los castaños
defienden ciegamente
sus hojas.
Un auto, a lo lejos.
Un tranvìa, también lejano.
Y en la calle muchos pasos
que buscan muchos umbrales.
Y más lejos, una estrella
que habrá de saber toda su vida
lo que son para ambos
nuestros besos,
amor mìo.