COMPAÑERO ESPARTACO

I
Hace dos mil
años,
un hombre se levantó
contra los ricos.
Buscó a sus partidarios
entre la gente sencilla y buena.
Se rodeó de esclavos y gladiadores:
campesinos, pescadores, albañiles.
Lo siguieron
los hambrientos de su tiempo,
lo más pobres de todos.
Y como se levantó
contra la clase de los ricos,
en nombre
de la clase de los pobres,
fustigando a los poderosos
con la violencia de su sangre en pie,
hablando ásperamente de lo noble
y altamente hermoso de la vida
en libertad,
                 fue sacrificado
junto a los suyos,
por la clase de los ricos,
sin misericordia alguna,
él, que era todo coraje y dignidad!

II
Y desde entonces
sabemos
que existen las clases
y que las mismas
luchan entre sí,
sin cuartel ni descanso.
Y que aquel hombre
fue glorificado
                        en las manos de las masas,
porque cayó luchando
por las multitudes
de su tiempo,
contra los viles
de su tiempo,
                        y por el amor,
                        la bondad
                        y la humanidad
de todo los tiempos!

Y porque habló y luchó
por todos nosotros,
                              yo,
marxista
del siglo veinte,
le glorifico y le amo.
Y digo:
            aprended
                        de aquel hombre,
que amó tanto a su clase,
hasta morir por ella,
la tarde de una amarga
                        primavera
romana,
            azul, tranquila, pupilar,
pero amarga y amarga.

III

Y aun
cuando
                        la clase
de los pobres tiene,
                        a veces,
tan sólo confusa idea
de aquel hombre,
nombrado el Espartaco,
no lo ha olvidado jamás,
ni lo olvidará
jamás de los jamases.
Y es que aquel rebelde
fue un abanderado de su clase
Y cayó por ella,
con el nombre
                        Del alba
abriendo las alas
                        en sus labios.

     IV
Y en estos últimos
                        Siglos,
ha alcanzado su clase,
                        la de los pobres,
tan importante victorias,
que si el compañero
                        Espartaco
estuviera a nuestro lado,
sería tan dulce su alegría
como perfume de naranjo en fruto.

Estaría luminosamente feliz,
por los triunfos de su clase,
la de los pobres,
que recorre hoy el mundo,
con paso universal
de multitudes
                        victoriosas!