LA LIBERTAD, DICES

La libertad,
me dices,
es lo más bello
que existe
en nuestro joven
planeta.
Sin ella
no se puede vivir;
es como el oxigeno
del alma.
Si tú la tienes,
ya no la puedes
perder,
porque te morirías
de tan inmenso dolor.
Ella no se conquista.
Se lleva sencillamente,
como la tarde,
en el fondo del corazón.

Pero yo que vivo
y sufro mi país
como ninguno,
no estoy de acuerdo
contigo.
Los hombres de aquí
no han sido libres jamás.
A muchos ya ni les importa
Si la cadena es gruesa
y más gruesa cada dia.
No les conmueve saber
que la patria
como una triste y dulce
golondrina,
agoniza lentamente
rodeada por el frio
y la miserable indiferencia
de sus hijos.

Ni tu conoces,
además,
la torpe dictadura
que sufrimos en mi país.
Ni has perdido
jamás tu libertad.

Y tu risa,
es la más alegre
de todas las risas
que conozco.

Tu patria
es ya un suceso
de simples madrugadas,
que canta en alba
para ti y los tuyos.

Pero algún dia
nosotros
también
seremos libres.
Entonces,
tendremos
que defender
todos los días
nuestra libertad,
haciendo roncos sacrificios
de ternura y bondad.

En nosotros
está la libertad
como en la noche
la aurora,
y de nuestra
atronadora voluntad
está marcada ya
la digital
de su rostro.

También a la libertad
hay que acostumbrarse
para amarla,
y se la debe cuidar
cada segundo,
porque durante mucho
tiempo
se la busca,
para matarle a golpes
su suave y claro
corazón de multitudes.

Pero ante todo,
cuando no se la tiene,
cuando no se conocen
los gestos peculiares
de su rostro,
entonces se debe luchar
para encontrarla,
por liberarla
de la más honda tiniebla.
Asi la libertad
es el logro estupendo
de los que nunca
han sido libres de verdad.
Y una vez alcanzada,
su acción
debe repetirse
durante toda la vida.