LOS NUEVOS AMANECERES
Hay un mundo,
mujer,
que no presientes,
un mundo hermoso
de puños sindicales
alzados contra el amo,
un mundo de espigas
apretadas de peces
y  ríos y palabras,
un mundo donde nadie
sangra tempestades
de lagrimas heridas,
un mundo donde vive
la primera roja
en la boca del obrero,
donde los enamorados,
como nosotros siempre,
no lloran a la orilla
musical del horizonte
sus perdidos sueños
un mundo que estalla
sus auroras sonoras
para que la vida sepa
que caminas conmigo.
Hay un mundo diferente al nuestro,
mujer,
un mundo que nunca has presentido,
donde tú y yo hubiéramos amado
no solo nuestros nuevos apetitos
sino toda la lucha de la vida,
todo el combate contra el odio,
todos los amaneceres del viento.
Alli le hubiéramos dicho el amor
que construyera nuestro niños
del rocío más lleno de frescura,
allí no te hubieras perdido nunca
en el laberinto solo de tu sed,
yo te hubiera bebido siempre
con mi encendida garganta,
pero sin olvidar a mi pueblo,
pero sin podrir mis palabras,
pero sin pisotear mis banderas.

Hay un mundo diferente al nuestro,
mujer,
donde los niños crecen y sonríen,
un mundo donde toda tu vida seria
un perpetuo reventar de espigas,
donde nadie levantaría sus silabas
para golpearnos implacable la cara,
donde esa fuerza de tempestad amiga
que tu vida le dio a mi estatura
serviría para amar mas a nuestro pueblo,
pero la historia quiso mi puño
sin la dulce manera de quererme,
y yo no tengo tierras vigorosas
donde sembrar mi trigo posbardado.