OBREROS DE ALGODÓN
A los compañeros que son explotados tan inicuamente en las algodoneras de mis país.

I
Para los obreros
del algodón
amanece mucho
antes que el día                                         
y cuando el sol
inicia su camino,
ellos ya lo han trazado
hace largo
con el áspero ritmo
de su espalda.

Dicen
que cuando llega
la noche,
los obreros del algodón,
como por costumbre
o por olvido,
siguen cortando,
con el moreno gesto
de sus manos,
sucesos blancos
para que vista el mundo
y el frio no agite
sus roncas alas
en la cordial tibieza
de la piel beneficiada.

Dicen
que los obreros
del algodón
tienen
tantos soles
acumulados
en su rostro,
que con ellos
podrían
alumbrarse
mil planetas.
Así de continua
y larga
es su jornada.

            II
Macario Santiago
me lo dice,
mientras sus ojos
que me miran
                        altamente
son una cósmica
                        protesta
contra el hambre
                        Entonces
su rostro geográfico
                        me explica,
que debe ser muy grave
y muy amargo su trabajo.

Marcario Santiago
                        no comprende
por qué le pagan
                        tan poco todavía.
Marcario Santiago
                        Obrero del algodón,
aún no lo comprende.

            III
Pero Macario Santiago
ya se enoja.
Y encrespando su puno
nos relata,
cómo después de su larga
y árida jornada
aún los capataces
reducen el peso
de su duro trabajo,
y le imponen castigos,
cuya sanción popular
un día,
tendrá que costarnos
mucho sacrificio de bondad
en el futuro.

Pero Macario Santiago
ya despierta.
Y cuando lo haga
en siempre,
su tormenta
habrá comenzado
también
a fecundar el alba!