DURAN TODO EL AÑO
I
Las flores en Berlín
desaparecen 
cuando llega el otoño
ladrando en amarillo.
Algunas
se quedan, valientes
y atrevidas que son,
pero sólo soportan
un poco el frío viento
del invierno.

Luego no queda nada,
sino la nieve y la nieve.

Arriba, en la memoria
de los hombres,
los colores comienzan
entonces a volverse grises,
y uno daría gustoso
un poco de su larga tristeza
por unos cuantos tulipanes.

Así sucede en Berlín
el invierno,
me dices,
y tu mano busca
en mis cabellos
el punto en lucero
que le falta a tu relato
II
¿Nos quedaremos
sin flores mucho tiempo?
pregunto, y por primera vez
en todos estos años
las flores cobran para mí
la importancia que siempre
les estuve negando, sin duda
por estúpido que he sido.

Ahora que nevar será la moda
no quedaremos
mucho tiempo sin flores,
me respondes, y yo me alegro
entonces tanto de tu rostro,
que casi ya no entiendo
la ausencia del pétalo despierto.

III.
De pronto me acuchillan
ciegamente tus palabras.
He oído decir, me dices
que la primavera de tu patria
es un suceso eterno y alegre.

Herido como estoy, entonces,
de tanta lejanía contesto
prontamente. Es cierto,
digo, sea el tiempo que sea,
las flores son en mi país
como el hambre: 
duran todo el año.
Y tú sólo respondes: amor,
ponte el abrigo, que sufres
de seguro mucho frío.