EN TUS OJOS EL ELBA, TODAVIA
Todo el dìa
ha agitado
el viento
tus cabellos,
vida mìa.

Yo, mientras tanto,
veo como el Elba
fluye largamente
en tus pupilas.
Gris es el agua
del rìo,
y él baña
este dìa
la ribera callada
de tu vida y la mìa,
fundando el recuerdo
de una tarde
que habrá de llegar
mucho después.
Gris es, sin duda,
el curso
anchuroso del Elba
pero en tus ojos,
amor mìo,
el rìo es azul,
azul,
azul ternura.

En lo alto,
las gaviotas
son la libertad.
Desde tu rostro
las miro
girar y volver,
ascender y descender,
y, a veces, se quedan
en un sitio culquiera
oyendo un largo monólogo
que clama por el mar.

Yo las sigo
viendo
en el fondo
de tus gestos
por costumbre,
muchos meses después.

En viento
no te deja en paz
los cabellos,
vida mìa.

Tú, mientras tanto,
ignoras
lo mucho
que te amo
este dìa
junto al Elba.

Es tal vez
la última jornada
que estemos
junto a él.
Y tú, sin embargo,
hablas de nosotros,
como de algo
que estuviera todavìa
por llegar.
Asì de grande
ha de ser
tu deseo
de tenerme siempre
contigo.
Yo, como por descuido,
sigo viendo
el rìo en tus ojos,
amor mìo,
y asì hubiera querido
verlo todos los dìas
de mi vida.

Ahora hemos
llegado.
El viento
se desespera afuera,
amargamente.

Mis manos son,
entonces,
una voluntaria
acción de ternura
en tus cabellos.

Ya el Elba
quedó atrás.
Y ahora
estamos
bajo techo,
pero cuando te inclinas
sobre mì
preguntando:
“¿Dime, qué te pasa?”
mì rostro
se hunde sin respuesta
en el agua azul
que fluye de tus ojos
todavìa.