NO ESTAR CONTIGO, SE LLAMA VIERNES
Era jueves
frente al mar,
en Wismar,
la ciudad
a cuyos pies
el Báltico
agota el esfuerzo
de su biologìa
convertida en gris
de frente.

Una mole
sin luna ni sol
era el pecho
del cielo lejano,
que también se inclinaba,
a lo lejos,
sobre el rostro
de las aguas
para besarlas,
suavemente musical
y solitario.

El otoño
ascendìa a los árboles
y su canto desmudo
era una rama,
bajo cuya dimensión
sin hojas
era más tristes
los vientos,
y más amables
las piedras y la hierba.

Habìamos caminado
sin hablar toda la tarde.
Después de las disputas
siempre nos buscaba el silencio
y era más difìcil hablar
que amarnos sin palabras.

Detrás de nosotros
se habia quedado tanto
paisaje y tanto beso.
Los lagos el tren, el vino.
El hotel, los rìos, las estaciones.
Los pájaros, y siempre los pájaros.

En Wismar, te asombraron
los barcos tan inmensos,
tan pequeños, sin embargo,
que aún cabìan en tus ojos.
No lo dije, entonces.
Sólo miraba hondamente tu azul
convertido en sorpresa.

Y ahora el mar, el Báltico.
Jamás habìa visto mi vida
tanto gris reunido, agitándose
a la altura de mi norte.

“Sabes, te dije,
me marcharé en diciembre.”
“Y ya me duele,
horriblemente,
el ultimo dìa de noviembre,
en el cual comenzarán
solo diciembres para mì,
para este indio que tú amas,
amor mìo.”

No dijeron nada tus palabras.
Heridas en su vuelo,
no alcanzaron a llegar
hasta tus labios.
Después, largo tiempo después:
“Vamos, dijiste.
Hace frìo ya para los cuatro
y para esa flor sobre la arena,
tan parecida al cadáver
de un estrella.”

Este viernes
camino por las calles
de mi Guatemala,
la ciudad de la que tanto
platicaba contigo mi esperanza.
Una tìmida llovizna gris
lo llena todo con su rostro.
Escondo bajo mi barato impermeable
unos boletines polìticos,
que no se deben mojar nunca
sino con la vista de los hombres.
Levanto aún por costumbre
el cuello de mi cubrelluvias,
y nadie dice nada a mi lado.

En mi paìs se llama invierno
lo que en el tuyo verano.
Pero siempre hay sol
y nunca nieve en el aire.
Es viernes, y siempre será viernes
si tú no estás conmigo.

Pero aún seguimos imponiéndonos
al frìo, y seguimos viviendo.
Y aquì, junto a la bandera que amo,
me iluminan todavìa tus ojos,
amor mìo.