DOS LLUVIAS

La lluvia europea
no asciende delirante
al cósmico sueño de los hombres,
sino baja cortésmente triste
a besarle su rostro empedrado a las callejas,
en donde el último perro de hojas secas
se revuelca en un sueño amarillo.

Y sin embargo, oigo llover con gusto.
Tal vez adentro, en el subsueño,
mi niñez urge de agua para lanzar sus barcos.
Oigo llover con gusto.
En verdad, cuando llueve afuera,
escucho mejor adentro cuando me hablo.

Pero amo más tu lluvia
lejana,
mi campesina americana,
porque ella tiene la milpa,
mis amigos,
mi juventud y sus banderas.