DULCE CIUDAD

                                 ¡Oh, mi dulce ciudad amada
                                   me gusta tanto contemplarte!

Desde niño
te he contemplado
con estos ojos,
que en su envejecer
han visto al mundo
y lo han amado.

Oh mi dulce ciudad amada,
nunca,
bajo ningún viento,
mi corazón calló tu nombre,
ni cesó de contemplarte,
porque cantas en mì
como el lucero en alba.

¡Oh mi dulce ciudad amada,
como en el alba el lucero!