EN VERDAD, NO RECONOZCO TU RISA

Morena patria mía,
de ti
yo no conozco
la más simple
sonrisa.

Es muy triste,
pero en verdad
no..sé
como sonríes,
ni como es tu rostro
verdadero,
porque de ti
jamás se ausenta
el llanto.

De veras,
que no conozco tu risa.

Y estoy envejeciendo
de la piel y del alma
cada día que pasa,
sin que lo sepan
tus ojos,
que sólo han tenido
lágrimas inmensas para mí.

Y, además
es muy horrendo
tener una patria
que no sabe reír,
porque le teme
al golpe oscuro
de la sombra maldita.

II

Uno, como hijo,
va luego por el mundo
acostumbrado tanto al silencio,
que todos se preguntan,
si en verdad
uno ha sufrido con exceso
para haberse quedado tan solo
y para haber aprendido
tanta soledad
en tan poca existencia.
Y si uno se atreve a sonreír,
para disimular
un poco su ceniza,
la tristeza es más grande
y la mueca más grave todavía.

III

“¿Por qué
los guatemaltecos
son tan tristes?”
me prguntan en Berlín
las gentes a menudo.
Yo sólo doy vuelta
a mi frente, por fuera.
Y un alarido de cárceles
y golpes
sale ardiendo
de mí,
como una bestia
herida.
Y todos comprenden
luego mi respuesta,
sin que mi rostro
haya cesado
de ser triste,
a pesar de tanto
coraje
y tanta experiencia
volcada sobre el labio
ǃOjalá
que mis nietos
no tengan que sufrirte
tanto como yo!

IV

Yo no quiero de ti
más que una sonrisa,
morena mía,
porque es amargo
para un hijo,
no saber como sonríe
la madre,
si la ve todo el tiempo
llorando.
¿Verdad, patria mía,
que reirás, algún día
de tantos, para mí?

Lo sé, morena mía.

Y, por ese solo segundo
bien vale la pena
haber luchado
toda la vida,
contra tanta miseria
y tanta y tanta muerte.