BOOMERANG

Llénate de mi dolor
sin saberlo.
Sin escucharme
siquiera.
Sin ver en mi pecho
el oleaje
que se rompe como un toro
contra el acantilado
de tu ausencia.
Sin que mis labios
te pregunten,
¿por qué vuelven las tardes
sin el hueco de tu rostro?

Llénate de mi dolor,
sin saberlo.
Poco a poco
irás volviendo a ti.
Te nacerán otros otoños
en el alma.
Te caracoleará otra mano
en los cabellos.
Te hablarán mucho más
de lo que yo podìa.
Y te tocará la inocencia
de unos labios,
que no tienen
este fuego salvaje
que te cerca el deseo.

No fue bueno que te fueras.
Que te quedaras tampoco.

Antes que tú, conozco
estas pasiones
terrible.
Se necesita fuerza
para llevarlas en el alma.
Se necesita un beso,
y otro beso, para vivirlas,
para sentir como saltan
en nosotros
como tigres de fuego.
Y luego después, la soledad.
Tal vez para siempre.
O tal vez para nunca.
No se necesita
para estas cosas,
sino la moral
de un hombre y una mujer
que se aman y desean.
Y que no vienen de algún
lado, sino que no han ido
todavìa a ninguna parte.
Se necesita sólo la vida.
En las manos.
En los ojos.
En los labios, sobre todo.
Y en la batalla contra
el miedo a revelar
los secretos del cuerpo.
Se necesitan, sabes,
muchas cosas, para amar.
Y un ronco darse
sin temor a nadie.
Ni al dolor. Ni a la soledad.
Ni al crecimiento solitario
de una edad de ceniza
en el fondo de las manos.

Llénate de mi dolor,
sin saberlo,
sin ver
como mi voz
suelta su golondrina
de niebla.
Sin preocuparte
donde cae mi frente,
cuando el cansancio
llega con su paso de plomo
hasta mis torres nocturnas.

No hay duda,
pero debió acontecer asì.
Ahora vas alejándote,
llenándote de mi dolor.
sin saberlo.
Copándote de tì sin quererlo
y buscando iniciar
cada dìa el retorno
hacia mis manos desnudas
que te miran.
Y cada dìa estarás tan llena,
tan aburrida de ti misma
que saldrás a buscarme.

Tarde será
para la niebla de tu grito.

Por mì ya no preguntes,
que ya me habré marchado,
con mi rostro golpeado
y la ceniza de mis ojos.

Hacia otros lugares.
Hacia otros nombres
que aún no conozco.
Hacia otros territories,
donde no esté sola
mi ternura.
Ya no me dolerás,
como ahora, cuando vienes.
Estaré tan lejos de ti,
que cuando vengas y me hables,
sólo escucharé tus palabras.
Y se me escaparán tus ojos,
tu piel,
tus cabellos que amo.
Y andaré tan lejos,
como los hombres solos
que caminan por el mar.
No me alcanzarán , entonces,
ni tu alma ni tu carne.
Ni toda tu entrega.
Llena estarás de mi dolor,
sin saberlo.
Y amarás a oscuras
mi alegrìa
cuando rìa mi pupila.
Y odiarás mi dolor,
que ya te habrá entregado,
sin que tan solo lo supieras,
porque te lo di, poco a poco.
Y lo fuieste tomando,
gozando, sin saber
que ese dolor
llevaba
mi corazón en su cabellos.

Llénate, pues, de mi dolor,
sin saberlo.
Ven y bebe
esta agua, que cae
desde mi corazón,
herido por tu fuga.

Y rìete, muchacha,
porque aún
te sobran
tiempo y fuerzas,
antes de que hayas
gozado
todo mi dolor.
Y yo haya dejado
tu nombre
como un remo olvidado,
en una playa
que no existe.
Y ya no puedas volver,
para entregarme mi dolor
nacido contigo
porque ya estaré lejos
para siempre de mis manos
apagadas en las tuyas.