El sabor de la sal

EL AZAR Y EL RON
Nunca
me juzgues
cuando te amo.
Entonces,
soy extraño y taciturno.
Y escribo
estas torpes palabras
que te buscan
ciegamente.

No me escubhes, si quieres.
Pero no apagues aún
la casa triste de mi sangre.
A oscuras se aman los ciegos.
Y los pobres mediocre.

Yo te amo a luz plena.

Hoy, sin embargo,
quiero ocultar mis manos
en la sombra.
Están manchadas
con el agua turbia
del mundo.
Fue el azar,
sabes,
y el ron voló
mis manos
hacia su talle oscuro.

Ay, alma mìa
qué gran inconstancia
sufro con mis labios.
Y, sin embargo,
es a ti a quien amo
esta noche,
amor mìo,
con estas manos turbias,
desoladas por ahora
de ternura.