El sabor de la sal

EN ESTE INVIERNO, UN BESO
Ay, mi negra,
como me duele ya
el dìa que te irás
todo los dìas de mì.

Lo espero.

De los atormentados
y los locos,
siempre se irá la compañia.

Por eso, oh, mi negra,
otórgame este invierno un beso,
para soportar los que vienen
y que habrán de sabernos
muy lejos de hoy.

Lo quiero, ¿sábes para qué?
Para ponerlo de aureola a mi tormento,
que habrá de arder
todavìa mucho tiempo después
sobre mi soledad de ceniza.

Ahì vendrán a platicar
las lluvias de nosotros.

Y el amor que nos dimos
con el alma y los labios,
aún brillará como lucero lejano
que no pudieron apagar jamás
los besos que llegaron después.

Dáme ese beso, sabes.

Y mirame como soy de niño
todavìa, ya que me allegro
De mi alegrìa me alegro.
De saber que tu boca
se quedará con mi beso
como se queda en invierno
la simple fruta de un cerezo,
el lejano orgullo de un astro,
el perpetuo silencio de una roca.

Dame ese beso, mi negra.
Libértale sus alas a su labio.
Déjalo que vuele hacia mì,
que soy su libertad sobre el planeta.