› Nuestro homenaje al Padre Presente

random picture

A los obreros, campesinos, estudiantes y al pueblo todo de nuestra Guatemala, que durante la lucha de Marzo y Abril evidenció nuestra capacidad para la lucha. A todos ellos, en este tiempo de amarga opresión y boscosa esperanza. A los caídos en Concuá, con el profundo amor y el más hondo respeto que su gesto nos merece.

Otto René Castillo

I

Eres más que el viento y que la piedra,

más que orilla de un elastico sueño,

más que la milpa ajena, que su dueño,

más que el dolor descalzo de la hiedra.

 

No eres la frente débil que se quiebra

sobre la sombra viuda del ensueño,

ni la voz que doblega ya su empeño

frente al maldito rubio que nos medra.

 

Eres padre que renace y Madura,

diariamente por un mandato duro

contra la voz del amo que perdura.

 

No importa que tu pecho, fuego puro,

estén encarcelado en la cordura:

tú sigues, radical, siendo futuro.

II

Destruye ya la lámpara del luto,

destruye ya la muerte, padre mío,

que te dan con la lágrima del frío

para negar tu lucha, resoluto.

 

No apagues sol tu corazón en fruto.

No concluyas la luz de tu gran río.

No reclines tu sienes, padre mío,

en tu ceniza que también discuto.

 

Tu salto sidereal necesitamos,

Tu combatiente flecha decidida.

Tu vuelo azul es lo que tanto amamos.

 

La llama de tu sangre repetida

debe quemar al invasor que odiamos

con toda la violencia de la vida.

III

Por el hombre, tan sólo por el hombre

no suelta golondrinas tu pupila;

cuando tu pueblo futural vigila

es un crimen llorar sobre tu nombre.

 

En las torres boscosas de tu sangre

está tu dulce corazón en fila;

por mandato de la patria lila:

¡rebelion contra el odio por el pobre!

 

Amapola y combate nuestro suelo,

nuestro pequeño sol enamorado:

la patria que revive en tu desvelo

 

luchando por tu brazo desatado

contra los invasores de tu cielo,

que tu pecho custodia sublevado.

random picture

IV

Estás de pie, heroico y profundo,

sin orillas de titubeantes alas

frente al desnudo grito de las balas,

encrespando, decisivo y rotundo.

 

Tu mano con su flecha llega al mundo,

tu flecha con su mundo de bengalas

viene emplumada con sus rojas galas

para defena del amor fecundo.

 

Tu gesto por su gesto no agoniza,

en tu mano se despierta la estrella:

tu coraje en la patria se eterniza.

 

Sigues alimentando tu epopeya

con su ejemplo que nunca finaliza

por lo maduro y noble de su huella.

V

Tu muerte no llega, y nos impreca

con la hoguera de su voz tan clara.

Por estas cosas de tu patria rara;

voz de llama que arde, y no se seca.

 

No concluye tu muerte y no te peca

retornar al minuto que dejara,

junto a tu dolor que no se hincara,

en plenitud de golpe a tu muñeca.

 

Nunca mueres cuando los pobres mueren,

cuando muriendo van los campesinos,

los obreros de llantos que nos hieren.

 

No termina tu muerte sin caminos,

sin conexiones tuyas que nos quieren:

somos tu pie y somos los destinos.

VI

Padre, aún nos duelen tu heridas

y sufrimos tormentosa derrota;

rubios ordenan en tu patria rota

asesinar la milpa de las vidas.

 

Estallaron pupilas conmovidas

cuando quemamos la española bota

pero vino del norte gota a gota

el agua de los dólares suicidas.

 

Por eso ya tu gesto nos acera,

templándonos con tu total rudeza

en la lucha que no nos desespera.

 

Venceremos por medio de la fuerza,

por la fuerza del pueblo que ya impera

en el boscoso rumbo de la breza.

random picture

VII

Encendiste para siempre la ruta

con la lumber suprema de tu vida;

que nadie diga que tu puño es ida,

sola entrega, blazon que nos enluta.

 

Tu aéreo puño, elástico se enruta

por la violenta lucha repetida.

Tu grito azul, venado sin partida,

ronco tambor que al pueblo desenluta.

 

Tu pie pasó por nuestra vidas rudas

dejando huella honda y dolorosa

en cada corazón del antijudas.

 

Tu nuestro perfil, agua peligrosa,

frutece en el rostro, en sus honduras,

y tu gesto: ¡tu flecha más hermosa!

VIII

Llenas mercados, calles, hospitales

andas descalzo y con la vista rota;

eres pateado por la infame bota

de civiles, obispos, generales.

 

Vienes y vas con tus ajenos males,

oscura, triste, carne que se agota;

maldito ya el sistema que te explota

hiriéndote tus sueños tan fluviales.

 

Pero no mueren nunca las protestas,

oh, mi padre social, mi gran alado,

cuando del pueblo nacen en las gestas.

 

Porque no fuistes un héroe soldado,

sino el pueblo que al invasor contesta

con la batalla por el suelo amado.

IX

Veo en las aguas de mi océano

como velan tus ojos en el pecho,

como llega tu nombre satisfecho

despertando las flechas con su mano.

 

Vienes desde tu salto más humano,

mirando la cosecha con despecho,

porque en ella se dobla insatisfecho

quien le diera su rostro con el grano.

 

Hijo tuyos en los surcos fecundos

se desgastan en el fruto maduro,

sin embargo lo ven sólo segundos,

 

porque llega un extraño viento duro

que se lleva los frutos iracundos,

para dejarnos su dolor oscuro.

X

Agil y dulce el aire de su vuelo.

Sencillo y selvático su idioma.

En su cuerpo fluvial lleno de aroma

nos buscaba la patria desde el suelo.

 

Acantilado era su rostro cielo.

Decididos sus pómulos en loma.

Su pecho era tambor, que nos entona

donde vivía quetzal con su desvelo.

 

Aéreo y flechuno era su puño.

Su cuerpo mañana americana.

Su combate jamás supo despuño.

 

Así fue nuestro padre: voz temprana.

Jamás se arrodilló al extraño.

¡Qué gran metal tenía su campana!

 

Berlín, Zurich 1963,

Guatemala 1964.

› Some More info

Posted on 11th May By JCastillo Courtesy Open Web DesignThanks to Mobile