¿Convicción O Amistad?


El Debate sobre Poesía y Conducta.
 

            Hemos seguido atentamente el curso de las discusiones originadas a raíz de una publicación aparecida en Diario Latino, en la página cedida al Circulo Literario Universitario, suscrita por mi amigo y compañero, Roque Dalton García, que se titulaba: Un Concepto sobre Poesía.  Allí se fijaba claramente cuál debe ser la posición de un poeta creador de poesía social, llegándose a la conclusión siguiente: el poeta es una conducta y debe hacer de su poesía su vivir cotidiano; cantar al pueblo y por el pueblo; participar en la política de su país, luchando por reivindicar y superar las condiciones materiales y espirituales del conglomerado humano del cuales expresión, y ante la poesía.  Asimismo, se hacia un severa crítica a los poetas henchidos de un gran inquietud social—si se quiere—que hacen bellísimos versos donde hablan de la escasez del pan, del hambre y la miseria, pero que en la vida real y práctica son los sostenedores de sistemas que engendran esas lacras sociales, es decir: contradicen en la práctica lo que sostienen en teoría.

            Roque Dalton García, cometió el error de ejemplificar con dos hombres-poetas salvadoreños: Pedro Geoffroy Rivas y Antonio Gamero, ambos poetas que han contribuido al desarrollo de la literatura salvadoreña, con sus producciones, las cuales, indiscutiblemente merecen un estudio crítico-comparativo, que indique lo positivo y negativo de cada uno.  Ambos han cantado al pueblo, pero se situaron en posiciones diferentes ante la dura realidad, política, social y económica del país, realidad, por otra parte, que no admite claudicaciones de ninguna naturaleza ante la enormidad del trabajo que se tiene por delante.  Dalton García, debió criticar las posiciones y los principios de cada conducta, pero no especificar nombres, porque el pueblo—único crítico valedero—los ha colocado a la altura de sus comportamientos.  Debió, eso si, enjuiciar enérgicamente los argumentos que esgrimen los intelectuales traidores; fijar sin timideces las condiciones del medio donde viven y la innobles tareas que desempeñan, para denunciar ante el pueblo sus comportamientos, pero especificar sobre determinando personaje porque seria darle un rango actual inmerecido; porque existen varios en idénticas condiciones.

            Nosotros hicimos éstas pequeñas observaciones a Dalton Garcia, y no pensábamos intervenir en las discusiones, pero en la Página Literaria de LA PRENSA GRAFICA de fecha 30 de septiembre del presente año.  Leímos un artículo de nuestro amigo, Luis Mejía Vides, por quien tenemos aprecio considerable y a quien hemos situado como un intelectual que se ha preocupado por su pueblo, en cierta forma, y ha mantenido una conducta independiente y correcta, que le han valido el aprecio de las nuevas generaciones.  Mejía Vides sabrá valorar exactamente nuestras palabras, que quizá aparenten ser un poco duras, como contribución al esclarecimiento de un problema que necesita del aporte sincero de todos los que tengan algo que decir.

            En su réplica a Dalton García, Mejía Vides adopta una posición que nos provocó asombro.  Nunca creímos, y sinceramente no lo creemos, que tratara de justificar a los poetas que han sido conceptuados como traidores.  La posición de Mejía Vides, es falsa desde todo punto de alidades que pesan sobre el vista.  No sabemos si lo ha hecho con plena convicción o si lo ha movido la amistad.  No inclinamos a creer lo último, porque Mejía Vides en anteriores oportunidades, ha sido concreto, tajante y definitivo, en sus pronunciamientos.  El poeta de “Antiatómica minan la conducta de los poetas y justifica que se traicionen las verdaderas causas del pueblo cuando se tiene hambre, traición que no imposibilita—a juicio del articulista—a proseguir cantando la miseria de ese pueblo al que se rehuyó y justifica indirectamente, que continúe ese divorcio maldito y negativo entre la práctica y la teoría.  Mejía Vides esgrime argumentos que podrían calificarse de oportunistas, porque son dañinos a las nuevas generaciones, como decir que si no se tiene la solvencia económica necesaria, tarde o temprano se dejara de ser revolucionario y se claudicara ante la avanzada y presión del hambre.  Esta es un posición reaccionaria, porque induce a creer que alcanzar el verdadero destino de los pueblos es algo imposible, porque el hambre lo impedirá.  Pero ¿Mejía Vides ha dicho esto por convicción o amistad? Hacemos la anterior pregunta, ya que anteriormente había expresado otra posición.  En su réplica a Dalton García, dice: “Hay realidades que pesan sobre el destino de los hombres, mil veces superiores a cualquier buena intención o buen propósito.  El hambre es una de las mas poderosas.  Nos degenera o nos destroza si la dejamos crecer a sus anchas.  Cuando menos, nos torna anormales completos, misántropos inservibles o simples “poetas azules” sin norte ni esperanza alguna, vida sin objeto ni sentido.  “En entrevista a Mejía Vides, publicada en la revista literaria “Hoja”, de abril del presente año, expresaba: “Los servicios para la cultura exigen seriedad a toda prueba; ni siquiera se justifica valerse del arte como mero salvavidas o desahogo de los problemas domésticos des escritor”.  En su réplica, continua: “Poco conozco la vida de Antonio Gamero, más ese poco me hace concluir que este es su caso; la del hombre presionado por un medio demasiado hostil para el poeta o trabajador intelectual sin recursos, acosado por el hambre, la incomprensión o la indiferencia, se agarra a algo antes que sucumbir”.  En “Hoja”, decía: “Hay demasiadas tareas que cumplir para pensar refugiarse en posturas perfectamente acomodaticias; porque estoy seguro—aunque ello parezca harto contradictorio—que es más fácil enconcharse en la contemplación de nuestros quebrantos interiores que aceptar el reto de la barbarie…”.  Ahora nos dice: “Tenemos que rendirnos a la evidencia de que en un medio tan amorfo como el nuestro—ayuno casi por completo de las modernas corrientes filosóficas, estéticas y políticas—en donde los mismos universitarios siguen creyendo en verdaderas supercherías… la culpabilidad de Antonio Gamero es completamente mínima…”. En la entrevista, dijo: “En qué forma llegar al arte en función social, me pregunta Ud.?  Creo que entre muchos otros requisitos, es indispensable, ante todo, sentirse pueblo hasta la medula de los huesos, renunciando con profunda sinceridad a todo prejuicio, a todo halago, a toda esperanza a escalar “posiciones” sociales deleznables para el artista o intelectual; entera lealtad y compromiso hacia el destino del pueblo del cual se es hijo…”.

            De los anteriores párrafos transcritos se observa claramente una contradicción, que nos induce a pensar: ¿Fue convicción o amistad lo que movió a Mejía Vides a colocarse en la posición de justificador?, ya que en su réplica a Dalton García, “Geoffroy Rivas Vs. Gamero?” No hace aclaración alguna sobre que no justifica la claudicación; al contrario, la afirma con su defensa hacia Antonio Gamero.

Creemos que Dalton García se equivoca al personalizar el juzgar hombres y no principios, porque estos últimos son universales y generales y los primeros son parciales e individuales e incluso nos inclina a pensar: ¿Ha sido consecuente—en la profundidad del vocablo—la posición de Geoffroy Rivas? ¿No ha variado, desde que salió al exilo? ¿Sigue siendo el mismo, ideológicamente? ¿Ha sabido mantener la altura asignada a un intelectual de su rango? ¿Habrá hecho unidad de la teoría y la práctica?  ¿Solo se ha quedado en teoría? No sabemos.  Carecemos de elementos de juicio.  Se ve que no es sobre determinadas personas que se debe hacer el enjuiciamiento sino sobre los principios; sobre los intelectuales traidores o intelectuales fieles a la causa del pueblo y de la humanidad.  Creemos que Mejía Vides se equivoca al hacer una defensa con argumentos peligrosos para los nuevos elementos que se inquietan en el país o valederos para aquellos que están inclinándose justamente hacia la claudicación y la traición.  La posición de Mejía Vides es un mana literario para los oportunistas en potencia.  Mejía Vides, que ha sido sincero con nosotros y demostrado su honestidad en varias veces, sabrá comprender que esta es la palabra de un joven inquieto por la poesía, que permanece alerta contra todo aquello que pueda significar algo negativo para nuestro desarrollo, como generación.  Así lo ha de tomar, indiscutiblemente.

Creemos que a una poesía de tendencia social debe responder una ideología social y una conducta defensiva de lo social.  La teoría debe aunarse, fundirse, integrarse con la práctica, para constituir unidad disciplinada y firme.  Práctica y teoría deben ser una para que el poeta de tendencia social, no traicione su mensaje. Creemos que a la colectividad, al pueblo, no puede acercarse uno, tímidamente. Sí así lo hace será rechazado.  Debe uno identificarse con él, para  poder seguir su ruta sin tropiezos.  Es preferible callarse antes que engañar al pueblo, antes que deformarle su esperanza sustentando una tendencia que por nuestra conducta no nos pertenece.

Jorge Enrique Adoum, en su artículo: “LA LECCION DESOIDA DE WHITMAN”,  publicado en “Letras del Ecuador”, nos dice: Elección de actitud militante  del poeta en medio de su pueblo, esa posibilidad—necesidad, mejor—de una poesía nutrida del sentimiento político de las multitudes, poniendo el oído en su corazón para indagar su verdadero anhelo: paz, democracia, libertad política.  Esa actitud valiente y definida para no rechazar el suceso nacional, el hecho diario, como tema y elemento del canto: saber hallar la más pura poesía, para exaltar o criticar en la elección presidencial, en la construcción de una carretera, de un canal, en el desfile de los niños, en la edificación de una escuela.  Y entender que estos son los grandes temas de nuestro tiempo: la lucha por la libertad y la paz, y no adoptar la posición del aprendiz de poeta que, en tono de maestro—superior a Whitman?—condena la poesía multitudinaria y constructiva, quedándose con su parcela de melancolía otoñal, de conjúgales…” “…recordamos que el poeta es solamente un hombre intermediario entre la multitud que los recibe elaborados. Y que, para lograrlo, debemos buscarla, identificarnos con ella, hablar con ella, averiguar cuánto come, que quiere, que anhela”.  Nosotros, creemos que si no tiene la solvencia moral suficiente, no se podrá cantar al pueblo y por el pueblo.

 

Otto René Castillo

La Prensa Gráfica. Domingo 28 de Octubre de 1956

San Salvador, El Salvador, C.A.

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