UN DIGNO AMERICANO Y EL PREMIO NOBEL


            América no descansará de pedir el Premio Nobel de Literatura, para uno de sus hijos más preclaros: Alfonso Reyes, el mexicano, cuya voz tiene proyecciones universales, con afán de servir al hombre, para cumplir su destino exacto.  Nuestra cantante caminata por encontrar la modulación propia, por hallar la esencia de nuestra expresión, sin aislamientos aldeanos, con amplios ventanales hacia todos los rumbos del mundo, tiene en Reyes a uno de sus hijos más esclarecidos y a uno de sus pioneros responsables, porque, quien han vivido plenamente su vocación, entregándose a ella con la pasión indispensable y sincera, puede considerarse como el ímpetu claro de la americanidad.

            América es nuestro nebuloso pasado y presente, y nuestro luminoso porvenir, porque cada día avanzamos con fe y esperanza buscando nuestra silueta esbozada entre la sombra y la luz; entre la noche y el día; entre la niebla y el viento; entre el hombre y la piedra el labio y el aire; entre el abismo y las nubes; entre el mar y la montaña, y en ese avance constante, Alfonso Reyes, ha sido una permanente preocupación por descifrar nuestra propia manera de ser y de interpretar las cosas, ayudándose con las experiencias humanas.

            El recién clausurado Congreso por la Libertad de la Culturas, celebrado en Ciudad México, ha sido sincero interprete de los afanes y anhelos americanos, porque además de rechazar un telegrama de adhesión del gobierno de Castillo Armas diciendo “que en nada realzaba la celebración del evento” y condenar la escasa libertad de prensa, que actualmente priva en el continente americano, inició seriamente la campaña tendiente a solicitar el Premio Nobel de Literatura, para el gran americano Alfonso Reyes, medida que ha sido acogida con viva simpatía por los americanos, que consideran a Reyes, como el ejemplo permanente de sacrificio, constancia y afán de integrarse en América, para proyectarse hacia el destino del hombre.

            Nosotros, creyentes firmes de lo humano, como básico para toda creación artística, nos unimos jubilosos a la campaña iniciada en México y pedimos a los grupos literarios de nuestro país, lo mismo que a la Universidad Nacional, que se unan a la campaña, “para que tan siquiera una vez en la vida:’ se dé el Premio Nobel a un americano, que en realidad lo merece, tal como el claro Alfonso Reyes.

 

Otto René Castillo

La Prensa Gráfica.  Miércoles 10 de octubre de 1956.

San Salvador, El Salvador, C.A.

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