Ellos.........Los Desocupados

Ellos carecen de trabajo y tiene un dolor debajo del hambre, tras de cada paso que dan podemos hallar un pozo de angustia y en el fondo de cada mirada se revela la presencia de una familia hambrienta.  En los ruegos de unos niños miserables, la vista sorda e incisiva de la madre o la esposa, que interrogan diariamente sin pronunciar palabra.  Ellos, los que tienen un parque en donde aprenden la solidaridad de los humildes descubriendo que siempre hay un poco de bondad en la mano compañera y un pedazo de sinceridad en cada boca.  Ellos, que quizás un día fueron trabajadores felices, y anduvieron llenos de fe y entusiasmo, marchando diariamente en la ruta del pan y la sonrisa, son ahora un recuerdo lejano, que mudo y acusador señala la tragedia actual de los que se vuelven escépticos, descalabrando así la poca formación que habían alcanzado, muchas veces con jubilosas ilusiones, grandes sacrificios y penurias.  Ellos deambulan por la ciudad desesperadamente, llaman aquí y allá, encontrando solamente negaciones, que asoman su rostro para saludarlos.  Unos son débiles y delinquen rápidamente, creándose así problemas de otra naturaleza, que día a día los llevan a nuevos y sorpresivos delitos, hundiéndolos en cárceles y presidios, que los determinan para el resto de sus días a cargar un pesadilla empecinada en no abandonarlos si es que no terminan antes un una húmeda celda, donde los bacilos de la tuberculosis sirven de almohadas a las preocupaciones.  Otros son fuertes y mantienen sobre la espalda los sufrimientos como un fardo callado, son los que tienen un poco de mas holgura dentro del gran ejercito de los “sin trabajo” y por lo tanto poseen un poco de mas conciencia y tienen más confianza en sí mismos, aun cuando dentro de este maremágnum se extravía todo.

II

Los desocupados son así.  Los ha hecho la estructuración de la sociedad y la desorganizada evolución de la economía los lleva a los linderos del crimen, la corrupción y el vicio.

La industrialización de El Salvador, ha llevado y está llevando a gran cantidad de trabajadores al desempleo, la miseria y el hambre; móviles que forjan a los delincuentes en su mayoría de casos.  No negamos la necesidad impostergable de que el país penetre a la mayor brevedad a la etapa capitalista, es más: necesitamos que ella venga rápidamente porque el futuro de nuestro pueblo vendrá con ella y bien vale ese futuro sacrificio; pero es necesario, que esta industrialización se haga lo más humana posible, que no se quede solamente en lo práctico sino que se traduzca y compenetre de lo sensible que son los problemas humanos.

Un maquina que se adquiere para una fabrica despoja de su trabajo a tres o cuatro obreros, rindiendo más.  El progreso y la civilización que llegan ¡bienvenidos! pero no olvidemos el problema inmediato de la gente que va directamente a la muerte moral y material, la industrialización de El Salvador, es ineludible e indispensable. El desarrollo económico del país lo exige como un imperativo de supervivencia: pero planificada para que no lance a la calle a miles de hombres sin trabajo, que indudablemente llevaran la miseria a sus respectivos hogares.

III

Pero no solo la industrialización desorganizada es la causante del problema de los cesantes.  Hay otros factores que contribuyen a que se origine el fenómeno social que tratamos de exponer.  Uno de ellos es la escasez de las fuentes de trabajo, a pesar de que cada día se necesitan, con urgencia, la creación de nuevas unidades, que amplíen ese campo.  La timidez, en ciertas oportunidades, del capital para que se decida a realizar ciertas inversiones, que redundarían en beneficio de la nación; pero que por falta de protección gubernativa inducen al capital nacional a emigrar hacia otras latitudes mientras nos llegan inversionistas, que sin sentir el problema nuestro contribuyen a engrandecerlo, sembrando el dolor y la desesperación entre las clases humildes.

El bajo poder adquisitivo y el alto costo de la vida de la población salvadoreña, no sean los exactamente vitales, lo cual indica que el bajo poder adquisitivo del salvadoreño se consume casi totalmente en la compra de artículos de primera necesidad, determinando esto que a la larga no se establezcan nuevas industrias, fuentes de trabajo, por la escasa demanda que hay en el pueblo de otra clases de artículos. La poca protección que existe para la industria nacional y la benevolencia complaciente para la industria extranjera, que hallan en nuestro medio un campo propicio para la instauración de sus mercancías a precios bajos, primero, con el malsano propósito de ocasionar la quiebra de las débiles competidoras, para luego, ya dueñas del ambiente establecer los precios que ellas, las empresas extrañas, desean.

Todo, casi todo viene importado.  No sería extraño, que dentro de poco tiempo no vinieran “la merienda y el Shuco” enlatados. 

Así como estos factores influyen en el fenómeno de la desocupación existen otros que conducen a que cada día aumente la población de los que necesitan trabajo y aumenten las lacras sociales, tales como: la prostitución, la delincuencia, el alcoholismo, la toxicomanía, todo en perjuicio directo de la nacionalidad de un pueblo, que se extravía en los vericuetos de la historia: pero que ha de encontrar el camino ancho y lleno de felicidad, que no perecerá sino que impondrá su determinación algún día cuando las horrendas fuerzas que controlan el mundo sean abatidas y dejen en libertad a las naciones y a los hombres para que de acuerdo con los dictados de la verdadera democracia, hallen la solución a sus problemas agobiantes y fundamentales.

IV

Vienen las preocupaciones a engrandecer la pena del ser humano sin ocupación.  Los gustos para vivir son indetenibles y sus posibilidades miserables.  Deambulan con la numerosa amargura pegada a los bolsillos, que están repletos hasta la saciedad de miseria y hambre, huérfanos de monedas: pero vivos de deudas.  Vienen los deudores en una manifestación interminable; la tortillera cobra sus tortillas, la luz se apaga en los cuartos humildes.  La dueña del mesón amenaza con la calle, porque: “es amiga de fulano y pariente de sutano” los zapatos se acaban, los vestidos rumban alegremente al descanso de los montepíos, los amigos esconden la mano my hondamente en la ignominia y sólo queda el desocupado como numero olvidado o cifra inconclusa, solo con la vieja amistad de la calle donde los dueños de los centros comerciales humedecen el suelo antes de clausurar sus laboren vespertinas para que los “vagos” no lleguen a dormir en su propiedad exclusiva.

De día a darle la mano a si parque, porque los obreros cesantes tienen su parque, a donde llegan a ofrece  obra barata, para ver si “cae algo”. Su parque Libertad los acurruca cariñosamente ¿O es que paradójicamente han ido a escoger el referido sitio para cobijarse bajo el nominativo símbolo del mismo? Milicia popular o indiferencia incrédula. ¡Quién sabe!

Se he creado una Oficina Local de Empleos con el objeto, han informado, de que “el patrono encuentre trabajadores capacitados y el obrero trabajo….” ¿Cuáles son los motivos y a que finalidades reales responde dicha creación? Ha sido creada sinceramente con el deseo de abordar el problema para tratar de solucionarlo de un manera científica, tal como se debe proceder? Ha sido instituida para soslayar el problema en una forma burocrática: ¿pero sin ir directamente a la solución de las causas que originan el desempleo? No podemos contestarnos estas interrogantes, que dibuja su silueta en la mente del pueblo.  El funcionamiento de la misma nos dará la respuesta, su efectividad y duración serán los mejores afirmaciones que obtengamos y la forma más certera de ver si ha sido originada por un noble y jubiloso impulso o por un timido enfoque de un problema con tanta raíz en lo socio-económico.  Ahora comienza; luego tendremos la respuesta.

Ellos, lo desocupados, mantienen sin embargo una esperanza: el trabajo, al cual de acuerdo con un postulado constitucional tienen derecho, y dia tras dia esperan que alguien requiera sus servicios, esperan que se les trate como humanos que son, que para ellos no sea un tabú la comida sino una cosa natural a la cual tienen derecho por el simple hecho de existir como  humanos.  Ellos marchan con sus débiles pasos por nuestras calles, esperando hallar colocación para llevar la nueva al hogar.

Algunas se apartaran en breve del ejercito de los desempleados, otros, la mayoría, permanecerán allí como estatuas dormidas en una noche con sol y claridad, como pedazos de dolor sobre un puñado de azúcar.  Ellos los desocupados, esperan con paciencia nerviosa, cantan y ríen, lloran y odian; pero en el fondo son buenos y nobles, hombres que solamente necesitan trabajo para superar sus vicios y descuidos ocasionados, unas veces por la fuga de la realidad hacia estratos psicológicos irreales. 

Ellos, los desocupados, tienen una fabrica dormida en la sangre un taller olvidado en cada dedo un pico en cada pupila y un serrucho, en cada uña.  Algún día despertaran para servir y trabajar en la construcción de la casa del hombre que ha de venir ¡Que tiene que venir! Porque allí terminaran las penurias, se desclasificaran los casilleros de la angustia y brotaran jóvenes espigas con su mensaje humano y rotundamente nuevo.

 

Otto René Castillo

La Prensa Gráfica. Noviembre, 1955

San Salvador, El Salvador, C.A.

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