Minimo Recuerdo para Andres Eloy Blanco

 

            A Andrés Eloy se le clavó la libertad en la sangre y la lucha se le encendió en las pupilas cuando era joven de impulsos luminosos, por consecuencia de ello, supo de la amarga geografía de las cárceles y conoció el territorio inexplorado del exilio.  Se le hirieron los sentidos y, desde entonces, siempre los mantuvo alertas en la gélida noche de las dictaduras.  Allí habría de nutrirse su poesía, en los verdaderos caudales del pueblo, por eso está compenetrada de la tibieza del ala y de la nerviosidad que recorre la mecha con el claro impulso de encender la pólvora, sin titubeos y sin retrocesos.  Así marchó siempre: con una estrella en el fondo de la mano y una bandera desplegada en la frente.

            Del Hombre y la Encrucijada, libro del ideólogo guatemalteco Enrique Muñoz Meany, salió Andrés Eloy, para que un simple estudiante de bachillerato, pudiera conocerlo, para que un joven de esta América mestiza tuviera un asidero en la esperanza, la vida y la lucha por el destino del hombre.

            Luego; lo volví a encontrar en los viejos estantes de las bibliotecas, con el corazón empolvado y el llanto recorriendo los anaqueles de la tristeza; fué entonces cuando supe de su poesía limpia y luchadora, de su fe de poeta y su confianza de combatiente; fue entonces cuando me enseno sus puños lacerados por los esbirros y comprendí claramente por que la Independencia de América no había sido trasunto del siglo pasado, por vigoroso que haya sido, sino un proceso que aun se gesta en sus albores.  Entendí que este continente no sería nunca libre mientras no tuviera cada ser humano una existencia digna. Supe eso, y es que si nos toca hablar de Andrés Eloy, no se puede olvidar el dolor de las grandes multitudes que sufren, callan y luchan contra las poderosas fuerzas internacionales que imponen presidentes, bombardean ciudades indefensas, extorsionan al hombre y prostituyen con su moneda hasta la simple bondad de las palomas.  Hablar de Andrés Eloy, es tener que hablar de la democracia y referirse a esta ultima en nuestro continente, es vestirse de angustia y echarse un manto de cadáveres encima de los parpado, es tener que luchar y emprender jornadas epopéyicas para rescatar algo de lo noble del hombre.

            Recordar mínimamente al poeta venezolano es tener que hablar de la Patria que se lleva como una cosa extraña y querida, girando en torno del recuerdo, es recodar que por servir al pueblo la renuncia a todo se impone en esta hora de profundas y enérgicas definiciones, es recordar el indetenible combate y el marchar indispensable, que se presentan para llegar a la Patria común: la libertad, sin restricciones y sin timideces.

            Quien como el libro batallas singulares y honestas por la conciencia de la humanidad, por el derecho a la sonrisa y el deber de llorar cuando un pueblo es atropellado en lo más hondo de sus afectos, tiene que dejar un vacio en las filas de la vida y un lugar que hay necesidad de llenarlo aunque se apretuje toda una centena para lograrlo.

            Andrés Eloy Blanco, no podremos olvidar tu voz que se alzo en Paris para condenar enérgicamente las nuevas amenazas de guerra que se ciernen sobre el mundo.  Allí, al lado de Muñoz Meany, su dedo acusador señalo valientemente a los círculos interesados en crear la nueva conflagración mundial.  Fue un momento álgido de la americanidad que se universalizaba.  Y es que una vida exacta y noble no podía proceder de otra manera; no podía saltar con indiferencia las angustia del hombre contemporáneo y ponerse a cantar con un puñado de rosas en la solapa; mientras cada ciudadano de este continente, para poder comer, tiene que morder el llanto, lamerse las palabras del hambre y hundirse en los sudores silenciosos.

            Poeta y combatiente por la Paz y la vida, hoy estás de nuevo en tu Venezuela embadurnada de tristeza, te encuentras repartido en todos los niños, subido a todos los puños, hoy estás de nuevo viendo cómo llora tu Patria su llanto negro y espeso. 

            Estás allí, porque te fuiste en mayo hacia el fondo de la tierra con los ojos abiertos para grabar en ellos los dolores, las esperanzas, y sobre todo, para ver, que metáforas podías encontrar en la rivera del pedrusco hondo, para entregárselo dulcemente al tu descalzo pueblo.

 

Otto René Castillo

La Prensa Gráfica. Martes, 9 de octubre 1956

San Salvador, El Salvador, C.A.

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