He conocido maestros que siendo altos espiritualmente; cabales en sus actuaciones; nobles en su profesión, han muerto en la más rotunda de las miserias, recordados por aquellos a quienes sirvieron desinteresadamente, pero olvidados económicamente en sus horas de angustia y desesperación.  Mi adolescencia de caserío, pueblo y cuidad, ha sido testigo de la permanente tragedia de quienes vuelven sus ojos hacia el hombre y marcha a la muerte, como premio a la rectitud de sus actuaciones.

He conocido profesores que en el estallido de su juventud, han negado servir desinteresadamente al hombres de nuestros días y se han entregado en brazos de una política antipatriótica, negativa bastarda, lo cual les ha llenado de monedas los bolsillos, pero les ha dejado un vacio agudo en su calidad de hombres.

Algunos han sido fuertes para soportar miserias, discriminaciones, odios y olvidos, han sentido conscientemente las indiscutibles exigencias de la vida y han tenido la fuerza humana de no vender su destino ni traicionar la aurora que cada niño lleva en su interior, como una promesa permanente para el futuro. Otros, quizá los más, han sido débiles ante el relampaguear del oro, y haciendo a un lado dignidad, entereza e ideologías, han vuelto hacia el espíritu de lucro y avaricia, transformando sus profesiones en verdaderos medios para alcanzar sus propósitos metálicos. 

Esas situaciones se dan actualmente con mayor empuje en nuestro medio debido al alto costo de la vida, al innumerable alza de los precios en artículos del consumo diario y a la baja calidad de los salarios que devengan los maestros de la república, los cuales no alcanzan para cubrir exigencias minimas, ya no digamos finalidades complementarias.

Traemos a cuento lo anterior, porque tenemos conocimiento que el Ministerio de Cultura ha propuesto un aumento de salarios a los maestros, sobre la base del 80 por ciento.  El proyecto de aumento de salarios será enviado de Ministerio de Hacienda, para que dé el visto bueno y lo  curse a la Asamblea Legislativa para su discusión y aprobación.

Pero no tenemos conocimiento de que el Magisterio Nacional se haya movilizado activamente en defensa de sus derechos.  No sabemos que se haya forjado un movimiento que tienda a exigir que se les otorgue el aumento sin reducciones de naturaleza alguna.  No sabemos qué se trata de unificar al magisterio nacional en demanda del aumento. Al contrario, hemos observado apatía, resignación, incredulidad de los maestros en sus propias fuerzas.  ¿Esperarán los maestros que el aumento de salarios llueva del cielo como el maná bíblico?

Creemos que sólo la organización leal, consecuentemente orientada; la lucha permanente por mejores condiciones de vida y trabajo, harán que el magisterio nacional supere la disyuntiva que bosquejamos al inicio de la nota.  Entonces podrá cumplir fielmente con sus finalidades fundamentales, sin tener que privarse de llevar una vida decente y honrada, sin tener que recurrir a los politicastros de turno, ni a los grupos de mando, para poder comer, vestir y vivir acordes con su ineludible condición de profesores y hombres.

 

Otto René Castillo

La Prensa Gráfica. Viernes 14 de septiembre de 1956.

San Salvador, El Salvador, C.A.

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