SCHWERIN, ESTA MAÑANA

Defendida

por el agua

vigilante

de varios lagos

Schwerin

es tranquila y dulce

y se pega a la piel

y al alma,

con toda la fuerza

de sus calles alemanas.

El aire

llega hasta ella

con las alas

abiertas,

y golpea dulcemente

el rostro

de la gente

que camina

en las aceras.

 

Del cabello

de una muchacha

se escapa

una pequeña llamarada,

pero su vuelo

es corto,

y el cabello

está luego en ordén.

 

De los tejados

de la ciudad

salen volando

pájaros,

al igual

que besos

de una boca enamorada.

 

“Me iré a los lagos”,

dice alguien.

Y son las nueve

exactas

de la mañana.

 

El agua

no golpea

su impaciencia

sobre los cuerpos.

Ella sabe hablar,

en Schwerin,

el suave lenguaje

de la ternura,

y acaricia.

Tal vez

aprendió

esto del viento

y quiere tener

un gesto gallardo

con el mundo.

 

De todas maneras

es importante

saber

que alguien

se irá a los lagos.

Siempre

es importante

saber

lo que hace

el hombre

en las ciudades

donde vive.

 

En el rostro

de este niño

se aprende,

que sus antepasados

debieron haber

amado

tanto el mar

para tener

los ojos

tan azules.

Una señora,

se inclina sobre él

y le arregla su gorro.

 

Por sus manos

se ve

que debe trabajar

haciendo máquinas.

Y por sus varias

arrugas,

que ha sufrido

el dolor

de dos contiendas

mundiales

digamos aquì,

personales.

 

Schwerin

es una ciudad

donde abundan

las flores.

Una niña

abraza un ramo

de tulipanes

amarillos

Y un hombre

pasa

con sus rosas rojas

en la mano,

silbando

toda su psicologìa.

 

Un letrero

en la esquina

pide la paz.

En realidad,

todos están

de acuerdo

con esa petición.

Ellos han de saberlo,

la guerra

es la palabra

más horrenda

que existe,

si con ella

se quiere

destruir una esperanza.

 

Si vienen o van,

no se sabe nunca

en Schwerin,

asì son siempre

las gaviotas.

Un viejo piano,

a lo lejos

narra

la tristeza

de un músico.

Delgado debe ser

y debe estar muy solo.

O debe ser un gran

farsante

que se rìe de todo,

hasta del llanto

que habla por sus dedos.

 

Dos hombres

salen de una farmacia

y se dirigen al bar

más cercano.

Grande ha de ser

su sed, sin duda.

El otoño

debe ser inolvidable

en Schwerin.

Pero se debe

necesitar

menos tristeza

y estar enamorado,

para que su belleza

no sea cruel

ni hiera tanto.

 

Hay una gran

deficiencia

en todo

lo que se escribe

sobre una ciudad.

Por ejemplo,

ciudades

como Schwerin

no se pueden

decir,

hay que vivirlas,

con una mirada

azul

recostada en el hombro,

esa vieja parte

del cuerpo,

donde también

se han reclinado

la duda y la edad

de otras experiencias.

 

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