BAJO LA TARDE, EN BERLIN

Tú llegabas,

como el viento,

de lejos,

Y venìan en tì,

como en el mar,

la suavidad de la luna

y el paso de sol.

De pie, la tarde

era una lejanìa

en llamas grises.

Bajo los árboles

eran tristes los cielos.

No eran la primavera,

sino el fin del invierno.

 

II

 

Era la tarde

en la que vendrìas

todas las tardes

hacia mì.

De allì en adelante

tus pasos estarìan atados

siempre a mi ternura de laurel.

Y ya no andarìa solo

por el mundo,

con el alma despoblada,

como la mesa de un hambriento.

En ese dìa nos faltaba

mucho llanto y mucha risa

todavìa por nacer.

Eramos lo que se encuentran,

casi al azar, bajo la tarde

de las ciudades populosas.

 

Hacìa frìo aún bajo el abrigo.

Pero nunca como entonces fui dichoso.

No era la primavera,

amor mìo,

sino el fin de invierno.

 

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