EL ANTEPASADO MAS ANTIGUO

I

El antepasado

más antiguo

que tengo

es el amor.

 

Lo sé bien.

 

Cuando se besaron

los primeros

enamorados de la tierra,

se le estaba poniendo

nombre

a mis labios.

Y comenzaba

la biografìa

de este dolor

que no concluye.

 

De todas maneras,

el amor siempre

nos duele igual.

Y el primer

dolor

ha de haber sido

el más grande,

porque aún

tiene fuerzas

para aletear en nosotros.

 

II

 

El amore es como una casa

que se construye,

para que en su techo

puedan cantar los pájaros,

la lluvia y el viento,

y adentro puedan vivir

los hombres y su sombra.

Se pone un ladrillo

y otro ladrillo encima,

hasta que una mañana

cualquiera,

oìmos un canto

en el techo

y un llanto

dentro de la casa.

El techo es el alma

de las casa.

A partir de ahì

comienza el viento.

 

III

 

Es todo tan complejo,

tan mundo mundo,

que si mi mano te busca,

tu mano se encarga

de matar su vuelo.

Asì no se sabe nunca nada.

Por lo menos no se sabe si tu piel

tiene color dulce

o si tan solo son tus ojos

los que arden en mi pecho.

 

Uno para amar

debe exigirlo todo.

 

Cuando alguien niega algo,

le está poniendo luto

a su cuerpo.

 

Por eso uno se rebela

si la entrega no es completa.

 

Si tú me besas la boca,

¿por qué no puedo besarte

la luz de los senos?

Todo lo que limita

trae consigo

variedad de caminos.

 

Por fin, uno se larga solo.

Y alguien se queda triste.

 

Pero pocos saben, en verdad.

 

IV

 

Nos empeñamos

tanto

en estar solos con nosotros,

que todo se nos muere

muy fácil en pupila.

Y seguimos de frente

con estas manos

ciegas

que palpan

la distancia,

hacia donde se huye,

para no retornar jamás,

porque las manos

seguirán siempre

de largo hacia las sombras.

 

Luego, nos dicen inestables.

No sé. No podrìa comprender nunca.

 

Uno no entiende tantas cosas.

 

Pero algo sé bien.

 

Alguien

puso en mis labios

esta inconstancia que sufro.

Tal vez

el antepasado

más antiguo que tengo:

el amor.

 

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