RESISTENCIA DE LA VIDA

Pero

las estructuras

para alzar

la casa del amor

y de la vida

desde un esqueleto

de ruinas y penumbras,

no llegaron

solas

a la garganta del pueblo.

Ni abrieron

sus alas,

en el pecho

de los hombres sencillos,

por mandato del cielo.

 

Antes

de ellas,

la ternura

se moría en las manos

del pueblo

como un pequeño sol

de invierno.

Y a cada sonrisa

seguía

un largo collar

de lagrimas

y guerras.

 

Antes de ellas,

la palabra

vida,

la más dulce palabra

de todos los idiomas,

era tachada

con odio

en los espantados

libros

de la culta Alemania.

 

Antes de ellas,

se había

declarados

la guerra total

contra los altos

resplandores

en la estrella amorosa,

contra la misma estrella

que titila en mi pecho,

contra la original estrella

que los mayas

ocultaron

en rueda de amor

de los katunes.

 

Sólo un bastión

inconmovible

defendió los azúcares del pueblo.

 

Sangre

de sus habitantes

incendió

las anchas calles

de Alemania.

Y no hay

un solo milímetro de tierra

alemana,

donde no haya un sacrificio

precursor

del presente y del futuro.

 

Sólo un bastión

inatacable

defendió los azúcares del pueblo.

 

Puños

de sus hijos

alzaron

la decisión

de la esperanza.

Y defendieron

el honor

El orgullos.

 

La honra,

cristalina y simple

de la vida,

llenos

de la pasión vital

que alimentó

la fe de los aceros

proletarios.

Y donde estaba preconizada

una amplia derrota de la vida,

ellos profetizaron

la histórica necesidad de una victoria:

“Lucharemos hasta el fin;

hasta que la última gota de sangre

proletaria

quiebre su dulcísima cintura

en los pétalos del triunfo.

Lucharemos hasta el fin,

porque la lucha

que el hombre

hace con sus manos

es lo que el hombre

nombra su destino,

su historia,

su leyenda…”

 

Al pie

de los dolores

mundiales

agotó el hombre

su fe.

Su esperanza.

Su fuerza.

Sus últimas bondades,

para que nunca más

se prostituya lo hermoso,

lo bello,

lo grande de la vida,

en los campos de concentración,

inventados

para negar la historia,

la humanidad del hombre,

la sucesión de su ternura.

 

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