DOS LECTURAS DE OTOŃO

I

PLEAMAR DEL RECLAMO

Andando

esta noche con la lluvia

decidiste visitar tu vieja casa en mi pecho,

habitarla conmigo libremente,

salir un momento en la noche a la ventana

y abrazarme de nuevo como entonces,

bajo el pulso profundo de los vientos de otoño.

 

Cae la lluvia

junto a mi ventana,

y no esa lluvia americana de mi patria,

tormentosa y violenta,

que aromó de barcos mi sueño marino

de niño pobre y taciturno,

sino esta lluvia de otoño

tristìsima y pacìfica,

que en ademán francés

saluda con miedo a los tejados

y cae lentamente en las aceras

con serenidad de un lord inglés

a la hora de votar por el inicio de la guerra.

 

Cae la lluvia

junto a mi ventana,

esta lluvia europea,

hija de la ternura acuática

que sacude sus alas melodiosas

en el cielo desnudo de Alemania,

y que reuniendo está en mis manos y las tuyas

en la más alta pleamar del reclamo

que nos formula la noche, el agua,

y aquel amor de entonces,

cuya pequeña mano de brisa,

se despierta en mi pecho

y mueve un fruto rojo que sueña…

 

Cae la lluvia

sobre el valiente farol

que está en la esquina

y mis manos en tu frente se queman

y en la misma pleamar del reclamo,

donde tus besos con mis besos resueñan,

la que lee en la lluvia de otoño,

que yo era un rìo en acecho

y tú la volandera estrella

prosperada para siempre en mi pecho.

 

II

PASA EL VIENTO EN LAS CALLES…

Paso el viento en las calles

igual que los enamorados,

los tranvìas y la vida…

 

Yo sé que la calle

tiene nostalgia de violencia

y que clama intachable en su deseo mi ventana,

pero la lluvia se aleja sollozando

como doncella excitada por un hombre desnudo.

 

Y el viento sigue en la ciudad pasando,

igual que los enamorados,

los tranvìas y la vida…

 

Y yo antorchándome de nuevo el cuerpo

y parlando de frente con mi sombra,

junto a mis libros bohemios de lecturas,

acompañandome una lámpara

enemistada

para siempre con las sombras

y un reloj judicial que dicta

sobriamente

la muerte del diálogo y del tiempo.

 

Y sigue el viento en la ciudad pasando

igual que los enamorados,

los tranvìas y la vida,

arrastra un papel, levanta una hoja,

seca una lágrima de amor y asusta un beso,

acompaña al triste hasta su casa,

le pone alas a la medianoche,

sopla cruel en las pupilas de la embriaguez

que agranda la sinceridad del hombre y de su anhelo,

devuelve su risa al que reencontró su sueño.

 

Y sigue en la ciudad pasando,

igual que los enamorados,

los tranvìas y la vida…

 

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