LOS FUSILADOS

Los llevaron lejos de la cuidad

y no volvieron a llorar sus ojos

sobre las grises calles de mi país;

ni volvió más las brisa a disolver

su frente contra los carceleros

ni el luto dobló mas su cintura

en las pupilas claras del sol;

ni el andamio biológico del puño

se trepó de sombra.

 

Las calles, las casas, los sueños

los vieron pasar hacia la muerte

con la ternura flotando alegre

sobre sus sienes de floresta,

pero de cada rostro nacían pájaros

que buscaban el regazo de la aurora

llenándola de un no sé qué de amor

caído desde lo alto de un lágrima…

 

De pie marchaban, silvestres y humanos.

Amarrados, como el cabello de las mujeres

Populares, salían al encuentro de la muerte

Con una canción universal en la garganta

poblada de milpales soberbios. ¡Otra vez

la muerte amenazando, subiendo otra vez

las gotas del martirio hasta el aliento…!

Custodíandolos, los verdugos reían. Y bebían

la silenciosa integridad de sus jilgueros

con el mismo rostro de raíces castigadas,

con la misma estatura corta de la brisa,

con el mismo color de rio sin afluentes

pero con diferente emoción y pensamiento

sobre el puño oloroso de los jardines…

 

Salieron de la cuidad a las doce

de la noche. Atrás, las luces decían

adiós con sus pupilas espigadas.

Atrás, la cuidad, sin alas, se quedaba

con los enamorados, su lecho y su sonrisa…

No volvieron más hacia las cárceles

Porque hundieron sus raíces biológicas

En el mismísimo corazón del pueblo.

 

“¡Han matado! ¡Han matado

Muchos obreros esta mañana!

--lo dice el pueblo llorando

por boca de sus paredes--.

“Fuera de la cuidad capital

Esbirros del gobierno han matado

Prisioneros políticos y apolíticos:

Albañiles de una primavera que comienza.”

“!Han matado! ¡Han matado hombres

que solían amar la salida del sol,

besar la semilla de la brisa,

acunar la caída del crepúsculo,

besar la frente de los hijos,

morir por la vida de una rosa,

pelear con la hoz por el pueblo,

levantar el martillo por la vida,

amar al pobre sobre todas las cosas

y pelear por su futuro con los dientes.”

 

Los llevaron lejos de la cuidad

y dejaron sus sienes floreciendo

orgullosos maizales, eternizados

estarán ahora debajo de la tierra

soportando con sus hombros inmensos

todo el futuro del mundo…

 

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